En la Semana Santa malagueña durante las procesiones los niños como herederos de la tradición son devotos participes que gestan su afición desde tempranas edades, participando desfilando y como público, van junto a los mayores viviendo con intensidad la devoción que se respira en el ambiente.
Desde los márgenes de la calle los más pequeños juegan y corren a la vez que disfrutan de los pasos con bolas de cera que llaman la atención a los forasteros tanto del país como de fuera al ser una costumbre única de la ciudad, bolas grandes que van aumentando años tras año y sirven de recuerdo para los niños que se confeccionan a partir de una diminuta esfera de papel aluminio pinchada en un palito para no quemarse los dedos, afición que se forja a edades muy tempranas animados por su padres que ven como la semilla de la Semana Santa crece en los corazones de los futuros penitentes.
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