Durante mucho tiempo había sido aficionado a la fotografía, aunque sin otro interés que sacar aquellas instantáneas que recuerdan un evento familiar o un viaje de vacaciones, como otros muchos, supongo. El punto de inflexión se produjo al visitar la maravillosa ciudad de Venecia: los canales se me mostraban como encuadres y las viejas plazas lucían en todo su esplendor; todos los rincones tenían magia. Así que me puse en manos de un profesional de la fotografía y durante un año estuve yendo a sus clases. La inexperiencia y la riqueza de conocimientos que adquirí me han hecho ver de otra manera los pequeños detalles que tan a menudo nos pasan desapercibidos y que hacen tan adictivo el mundo de la fotografía.