“Heme aquí. Sí, aquí tras la sombra del viejo piano de cola de la casa número tres del ochenta y uno. Los zapatitos de charol negro fueron la diversión de las tardes de sábado en el rojo y ruidoso adoquinado de la calle. Pronto los árboles deshojaron los juegos infantiles y trajeron la lluvia a mis ojos, arrastrando a esa niña corriente abajo de la vida y del tiempo. Años más tarde me encontraba allí arriba de todo, en el borde de un maravilloso acantilado. Los pies juntos, los pulmones dilatados, la brisa, los brazos extendidos y... allí y sólo allí volví a encontrar la niñez fluyendo en mi, con el fondo de mar como bandera.
Cuando recuerdo esto sonrío, no puedo evitar pensar: ha llegado el momento de regresar.”