Llevaba una caja de ciruelas sobre la cabeza, el delantal de hacer pan los domingos y las zapatillas de ballet. No sabía qué sería aquello que se encontraría en el jardín, mas la curiosidad la mataba por dentro. De entre su cabello algo despeinado nacían violetas que enmarcaban su rostro y su flequillo era con un manto de satén tapando un bello cuadro. El muchacho la miró anonadado y se escondió entre los matorrales de un salto, ahora pensaba que no fue una buena idea citarla allí, le entró la vergüenza.
Estela oyó un ruido y miró a la puerta de hierro de la entrada, quizás alguien la seguía y quería estar segura de que nadie la viese merodear por allí. Buscó y buscó por el jardín presencia alguna y nada halló. Se sentó sobre la alfombra de manzanilla y de entre la caja de ciruelas sacó un reloj de bolsillo. Mientras ella estaba sentada, el muchacho la observaba, esperando a que se fuera o algo parecido, pues no tenía valor para salir del matorral. Ahora que la miraba más de cerca podía vislumbrar el color de sus ojos entre la maleza. Eran oscuros, negros le parecieron, como el azabache.
La chica miró la hora, las cinco y cuarto, que raro, pensó, - hace media hora que estoy aquí y nadie ha aparecido, podría haber dejado una nota o algo… Decidió levantarse e irse pero antes se quitó una flor del pelo y la dejó sobre la mesa de mármol. El chico vio que ella se iba por lo que decidió salir a coger la florecilla de la mesa, entonces Estela, que con prisa andaba para desaparecer pronto de allí, cayó al suelo tirando la caja de ciruelas al toparse con un gatito. El chico ya estaba fuera del matorral, Estela le miró y le entró más pánico todavía. Dijo un tímido hola y sin dejar de mirarla con la florecilla en la mano cogió al gato que era suyo, se llevó una ciruela y salió corriendo. – ¡Espera!, gritó Estela, ya era tarde… Encima tenía que recoger aquel desastre. ¿Sería ese chico el de la sombra en su ventana de la noche anterior? El de la nota no pudo haber sido él, escribió con letras grandes y seguras el mensaje… O quizás él no lo escribió… Pero Estela recordaba que había dibujado una salamandra en el sobre, la misma que el chico llevaba en la solapa […]

Níniel Lond
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Place: Santillana del Mar

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