Era la segunda vez que me acercaba a Otzarreta: En el parking la niebla era muy densa, pero fue entrar en el hayedo y ese agua en suspensión se quedó en nada. Ya había oído hablar de que ese bosque era muy caprichoso con la niebla, así que tampoco me pilló de sorpresa.En un momento dado empezó a llover ligeramente, lo suficiente para que el objetivo se llenase de gotas e hiciese que las fotos fueran inservibles. Así que nos acercamos hasta el coche para coger un paraguas. En el parking la niebla se podía cortar, cosas de la naturaleza.Al volver a entrar en el bosque nos encontramos con un ambiente totalmente diferente, la niebla lo inundaba todo y el verde de las hojas teñía la luz, un verde mágico, un verde esperanza.

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